jueves, 27 de diciembre de 2007

CONFESIONES DE UN POETA Y III. LEDO IVO (Traducción de José Carlos De Nóbrega)


CONFESIONES DE UN POETA.
LEDO IVO.

I

EL VIENTO VAGABUNDO.


No estimo a los analistas, ni a los psicoanalistas ni a todos aquellos que, movidos por intenciones terapéuticas, se abalanzan sobre los males de las almas, despojando a las criaturas de lo que ellas poseen en lo más secreto y substancial de su ser, que son sus neurosis y obsesiones, sueños y obstinaciones, reduciéndolos a piscinas vacías. Pero, aquella noche en Portland, Oregon, la conversación, en la acogedora casa extranjera, ennoblecida de observaciones y confidencias respecto a la variada naturaleza humana. Un viento proveniente de Alaska me olfateaba como un perro glacial. Entonces, conté a un especialista atento el sueño que me sigue, o persigue, desde la infancia.
Conté mi sueño con la salvedad de ignorar si naciera de la realidad o pasara de la ensoñación a la vida abierta. En ese sueño, que se repite bajo incontables variaciones, como un motivo conductor de una composición musical, soy un niño o un hombre en procura de algo que jamás será encontrado, una vez que despierto siempre en los alrededores del descubrimiento. Un episodio de la infancia, por cierto real, lo nutre: aquella noche en que, en una feria, me le extravié a mi padre y, en medio del llanto, viví minutos de aflicción, por cuanto a mi vuelta los carruseles corrían y las luces de la rueda gigante fulguraban entre lágrimas. El instante dramático se multiplica en la memoria adúltera que la guarda y reinventa. Pequeño, más de una vez me encuentro perdido en la fiesta ruidosa, entre rostros permutables que me miran fijamente o pasan sin prestarme atención. Estoy en un chorro, sobrevolando Nueva York, pero Nueva York no existe. Vago entre calles barrocas; contemplo palacios de vidrio que protegen los gestos infantiles de burócratas diáfanos; me acerco a dos navíos podridos en las lagunas natales, bajo la imprecación de gaviotas perturbadas por mi curiosidad; subo escaleras en espiral que me conducen a la torre truncada del farol que iluminó mi infancia. Pero cuando creo estar cerca de distinguir lo que busco –un lugar, una mujer, una concha, la metáfora que consagra la abolición de la muerte- mi mano levantada es la de alguien que despierta, en el gesto desconsolado de apartar una oscuridad prematura.
El Doctor en almas humanas acogió mi sueño y me sorprendió con su diagnóstico. Al contrario de eventuales pasantes, siempre inclinados a interpretarlo como un parto reiterado de la incertidumbre y la inseguridad, vio en él el obsesivo síntoma íntimo de una búsqueda.
Mi sueño significaba la lucha de un hombre en procura de su personalidad. A su entender, yo no era una criatura perdida o insegura, o extraviada del Padre Celestial (hipótesis de un amigo católico), y sí el ser que se busca a sí mismo. La sentencia exacta o falaz, esclarecía uno de los problemas que más me perturbaran, desde la adolescencia hasta la madurez: el de mis límites.
Al llegar a Recife, para las primeras aventuras literarias, lo que más me impresionó fue la limpidez de las señales estéticas de un principiante que habría de ser uno de los más grandes poetas de nuestra lengua. Joao Cabral de Melo Neto comenzaba y terminaba nítidamente. Todo, en él, ostentaba la exactitud de un cuchillo. Con certeza en el cuchillo sólo la lámina de su lucidez contundente tenía el brillo de una locura mallarmeliana, que lo obligó, cierta fecha, a un aislamiento en el que contemplaba “jardines enfurecidos”. (Es sorprendente, también, que sus incontables críticos y exegetas no se hayan detenido, todavía, delante de esa arista visionaria de poeta que celebró “la servidumbre de las ideas fijas”, prefiriendo navegar sólo una de sus dos aguas). Mas regresemos un momento de aquel primer encuentro de dos jóvenes poetas que, precisamente porque eran diferentes y antagónicos, con sus estéticas que se repelían y se desencontraban, podían caminar juntos. En cuanto Joao Cabral mantenía sus alucinaciones bajo el control de un albo sol de aspirina, automedicándose al punto, y conocía la extensión de sus tesoros, produciendo poemas como el molino produce agua, yo era todo incertidumbre y torbellino, abundancia y desperdicio, secuestrado por una turbulencia de mí mismo desprovista de flechas y contornos.
Yo temía que mis dones eventuales me extraviasen. A mi rueda, no eran pocos los que me etiquetaban de esparcido y veían con mal ojo mi futuro poético. Era necesario contestar el canto matinal, vigilar al importuno visitante nativo, represando las aguas tumultuosas de la vocación y convirtiendo el torrente en el andén –o lo mismo, ¿quién sabe?- de una estación central.
Hoy, acostumbro preguntarme si lo conseguí, ya que los críticos más juiciosos, semejantes a los exploradores que se conforman con la punta del iceberg, aman aludir en mí el virtuosismo y la pericia formal. Y me pregunto si esa proeza –tal vez guiada menos por la voluntad sedienta de la afirmación de que por el instinto creador que, a lo largo de la vida, va mutando de lo abstracto a lo concreto- no tendrá erradicada algunos segmentos valiosos o, estancando fuentes vivas, impuso silencio a una alta verdad que sólo podría ser dicha a través del abuso o del exceso. Pienso, a veces, que en la flor invisible seguro faltan algunos pétalos, que yo no supe proteger de la intemperie. Tengo pesares de lo que no fui, de lo que dejé de ser.
Mi ambición, en la mañana de los primeros versos tuertos y de la prosa balbuceante, era crear un recipiente formal que me contuviese por entero, en una melodía durable. Yo era el llamado a establecer el espacio de mi entereza sin el sacrificio de las máscaras deseosas de exhibirse, de todos los yoes que se suceden con sus imprecisiones prestigiosas y metafísicas engendradas por la brisa, de todas las letras del amor y de la alegría.
¿Habré cumplido mi promesa? Es lo que pregunto a las estatuas de la noche, al viento vagabundo y las colinas, a los emblemas del día, a la vaga transgresora que desafía el desorden bellísimo del mar.
En vez de calmarme, con sus preguntas, me tupió de interrogantes. Así, no pertenezco al linaje de los que tienen respuesta para sus semejantes. Antes bien, soy de la familia espiritual de los que sólo tienen preguntas y, con su constelación de incertidumbres íntimas, sólo saben indagar y sembrar dudas.
En la fiesta bullente de las letras y la vida, soy de nuevo el niño perdido y reencontrado que se busca a sí mismo entre rostros indiferentes, cierto que sólo esa búsqueda tendrá el poder de transformarlo en lenguaje.

CONFESIONES DE UN POETA II. LEDO IVO (Traducción de José Carlos De Nóbrega)


XXIII

SIEMPRE SUEÑO QUE SOY OTRO .


Sueño que, siendo otra persona, ando por un corredor infinito (o un laberinto) en busca de alguien –y soy yo mismo ese alguien procurado.
Cada puerta abierta me muestra a mí mismo sentado delante de una mesa, y a la espera de la visita de ese otro que es el único, al paso que soy decenas.
Z . me cuenta que, durante su luna de miel, imaginaba ser el cáliz de una flor monumental. Le ocultaba, sin embargo, al marido ese pensamiento que, a su entender, tenía un dejo licencioso.
Desahogo de un individualista: “Prefiero una vagina a un comicio”.
Estaba casi sepultado, en la nieve del Central Park, aquel gorrión que el dios del frío matara.
En un parque, entre árboles, bichos, fuentes y piedras. Todos los seres y cosas que me rodean, dotados de voz o silencio, inmovilidad o movimiento, se convierten en señales de una realidad más profunda. El grillo inmóvil en el césped propone una analogía.
La aglomeración, ese jardín maculado donde recogemos la flor de nuestra propia soledad.
En París, un río atravesaba mi cuarto y los plátanos iluminaban mi amor.
Me siento en una jaula –tal vez la jaula que encierra a todos los hombres. Me ven el desaliento, la certeza de una condenación a muerte. Jamás la libertad habrá de abrir para mí sus portones brillantes.
Poesía, rosa de la inteligencia. Mas, cuando escribo un poema, siento que mis palabras derrumban las barreras de la inteligencia y avanzan por un nuevo territorio.
Estamos aquí en la Tierra para vivir, ¿pero dónde está la verdadera vida? Somos todos máscaras, actores de una pieza interminable.
En el racionalismo de los poetas, está siempre presente la nostalgia de la locura.
Siento nostalgia de incorrecciones, descuidos, impropiedades sintácticas y estilísticas. ¡Que el dios de los escritores me conceda hoy la gracia de cometer una apostasía! Llego a envidiar a X., que escribe en un pésimo portugués, lo que no deja de ser una forma de transgresión.
Nuestra vida verdadera es un misterio, al cual los otros no tienen acceso. El silencio con que la guardamos la protege como un escudo. Los otros nos aceptan o nos juzgan por lo que, en verdad, no somos. Y la aceptación y el juicio, en esos otros que se asemejan a nosotros por su misterio también inabordable o indescifrable, indican que vivimos y nos comunicamos gracias a nuestras máscaras.
Esta confidencia que me hizo un día G.F.: “Hubo un tiempo en que mi gloria incomodaba a mis enemigos. Ahora, ella comienza a incomodar a mis amigos”.
Muchas veces, lo que digo está oculto en lo que digo. Es un cuerpo que, escondido por la ropa del lenguaje, sólo se entrega a quien lo alcanza.
Mar, ese monosílabo inmenso que desde la infancia resuena en mis olvidos. Mar, palabra larga –la m de las olas levantadas e incesantes, la que contiene todas las aguas, la r final de las rocas y los arrecifes.
Las palabras son figuras. Cada una de ellas tiene un rostro, tronco, miembros. Ciempiés, una palabra dotada de cien pies.
La calandria bella como un pavo real.
La noche negra de las aguas vivas y pútridas. Seres minúsculos y desasosegados -¿promesas de peces?

CONFESIONES DE UN POETA. LEDO IVO (Traducción de José Carlos De Nóbrega)



L

VUELVO A OIR LA MAREJADA DE LAS AGUAS NEGRAS.


Somos nuestras imágenes. Quien imagina un desierto, en el día irrestituible, se refugia en su propia desolación. La planicie se abre para quien desea evadirse, y perderse en el mundo como una de esas hormigas extraviadas que la ambición desvió del camino. La marejada de las aguas negras de una laguna, que yo oía en Maceió, y volví a escuchar en Venecia, impone en mí la dicción de un universo en que los elementos más contrarios reclaman adhesión y purificación.
La presencia de mundos apartados, de materias situadas antes de la repartición, es como la respiración de los amantes después del amor: aún enlazados y compenetrados, el uno en el otro, y confundidos en sus aguas cómplices, ya se hallan con todo apartados por la súbita supresión del éxtasis. En el barro fétido de la laguna, se esconde el agua universal del océano y la arena profanada por las miasmas disgregadoras. En la cronología pulverizada en que soy, al mismo tiempo, sumisión y aparición, ¡el minuto que pasa tiene el trajinar del hormiguero abierto! y las imágenes profundas más de una vez disputan el reconocimiento solar de un día ofuscante como el verano que ilumina los lagartos entre las piedras. El viento, pasajero como un dios, deja intacto a los niños.
Los mangos que palpitaban bajo las lluvias torrenciales de las madrugadas antiguas –cuando la sábana del niño insomne se levantaba como la brisa en las velas de los galeones repletos de oro de los piratas- vuelven a jadear en la alameda mentirosa que franja mis sueños devastados por el martillar monótono de las olas. Las estrellas cambian de posición, como las luces de los aviones en la curva celeste que anticipa la proximidad del aeropuerto. Y heme delante del día, que es una sucesión interminable de ventanas abiertas; y heme de nuevo delante de la noche fragante de los naranjos en flor.
Mas todavía abandonamos la mano de la masa confusa de seres y recuerdos, sueños y desconsolaciones, trabajos y rabias. Y de todo el catastro personal resta apenas, lumbrarada en la oscuridad, la imagen de un niño frente al Océano, y que escucha, en las muchedumbres y vientos acumulados alrededor del astillero podrido, la larga melodía de la memoria para siempre victoriosa –esa música sofocada, esa euforia de las aguas chorreantes y reunidas en la desembocadura del tiempo, esa respiración del mundo que, importunando a los vivos con su reiteración, ya no tiene prestigio sobre aquellos que, difuntos, están más allá de la desolación y de la muerte.

domingo, 23 de diciembre de 2007

MARX Y LA LITERATURA BURGUESA


MARX Y LA LITERATURA BURGUESA.


Un conocido revolucionario del siglo XIX llamado Karl Marx, a quien nadie puede acusar de proclividad pequeño burguesa, recitaba a Shakespeare de memoria, se extasiaba con Byron y Shelley, elogiaba a Heine y consideraba a ese reaccionario de Balzac como un admirable gigante. Y tanto él como F. Engels se lamentaban de que un genio como Goethe se rebajase al filisteísmo y a los honores de su pequeño ministeriazgo ducal. No ignoraban sus contradicciones humanas y filosóficas, sabían perfectamente hasta qué punto Goethe era un artista de las clases reaccionarias; pero no obstante lo amaban y admiraban, lo consideraban como una contribución definitiva a la cultura de la humanidad.


Hermosa lección para ciertos revolucionarios de bolsillo.


Pienso que el signo más sutil de que una sociedad está ya madura para una profunda transformación social es que sus revolucionarios se revelen capaces de comprender y recoger la herencia espiritual de la sociedad que termina. Si eso no sucede, la revolución no está madura.


Ernesto Sábato: “El escritor y sus fantasmas", Seix Barral, 2004.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

AGUINALDOS PARRANDIGMÁTICOS. Marcelino Gil


Aguinaldos parrandigmáticos

Marcelino Gil

Niño:

Ya viene el aroma
y el fulgor que emanas.
Ojalá vinieras
todas las semanas.


Por eso te pido
con plena humildad,
estos favorcitos
para Navidad:

Que no les dé nada,
ni gripe, siquiera,
a Marcos González
y a Escobar Cabrera.

Gastando zapatos
por tomarte fotos
Rafael Ojeda
ya los tiene rotos.

Hazle unos cariños
a José Bruzual,
porque al fin y al cabo
no se porta mal.

Que perdone, ruégale,
a tu padre Dios,
todos los pecados
de Alfredo Veloz.

Trae desde el Cielo
un tarro de miel
para que se endulce
Gustavo Montiel.

Advierte a Oliveros
di rendersi conto
porque el negro gallo
cantará muy pronto.

Hazle a las viuditas
sabrosas maldades.
Y, para que goces
estas Navidades,

Junta a los políticos
y poetas malos:
Agarra un garrote
y les caes a palos.

Dibuja unos marzos
con color de abriles,
para el calendario
de Francisco Ardiles.

Ponte filosófico
y habla de Bergsón
para que disfrute
Miguel Patacón.

Dime si es verdad
que en algún verano
cantaste un bolero
con García Marcano.

Tú, que eres la cura
de los peregrinos,
cura la saudade
de Orlando Chirinos.

Formúlame ahora,
que ya voy de ida,
una teoría
de la despedida.

Vete a Miraflores
y al más puro obrero,
regálale el libro
de Orlando Baquero.

Sálvame del odio
y efluvios letales,
de tantos liróforos
departamentales.

Tú, que en Cumarebo
las fiestas alargas,
decreta una eterna
para Ciro Vargas.

Si te sientes íngrimo
en la noche lóbrega,
busca que te cuide
José Carlos Nóbrega

Ve con Freddy Ordaz,
visítalo un rato,
quién quita y se atreva
a hacerte un retrato.

Vente al Rectorado,
rompe las rutinas,
repartiendo magias
por las oficinas;

haz que los burócratas
se mueran de asombro,
cuando se contemplen
tu luz en el hombro.

Llévate a Elio Araujo
a patear Los Andes,
y empaten en ésa
a Quintín Hernández.

Reconforta a Pedro,
(aquél de Carora),
que en la noche ríe
y en el día llora.

Tráete en este viaje
para Andrés Cerceau,
las fotos del Diablo
que Capa tomó.

Labra un verso único
de insólito dejo,
y se lo regalas
a Eugenio Montejo.

Para que enjoyeles
tu regia región
llévate los ojos
de María Garzón.

Dale a Ralph Granado
sabias instrucciones:
Que mezcle una lágrima
con las libaciones.

Al poeta Burgos
no lo desampares:
Dale muchas vírgenes
y muchas Guanares.


Y si te lo llevas
deja testimonio
de que está en la Gloria
junto a su unicornio.

Dale a Lenín Sánchez
ron Aniversario
cuando llegue al Cielo
con su Diccionaurio.

Si te vas solito
por los medanales,
llévate la brújula
del Negro Querales.

Vente a que te den
una clase rara
Emeterio Gómez
y el Gordo Guevara.

Pásate una tarde
bebiendo feliz
en el Bar Modelo
y en el Le París.

Y si la parranda
se pone bonita,
agarra tu taxi
para La Guairita.

Que te lo prescriba
-dile a Carlos Rojas-
tu antidepresivo
por si te acongojas.

Coda

Y a mí, no me traigas
nada, pero nada.
Ni bueno ni malo:
Ya voy de arrancada.

Estos son los últimos
versos que te escribo:
El año que viene
no voy a estar vivo.

Ya no tengo huesos
ni tengo ya músculos:
Me pasé los años
mirando crepúsculos.

Sólo tendré algo
cuando sea cadáver:
Y eso será herencia
del viejito Fáver.

Báñanos con toda
tu luminiscencia,
para que sea bello
morir en Valencia.

viernes, 30 de noviembre de 2007

INFORME DE GESTIÓN VOCERÍA DE LA RED DE ESCRITORES ANTE EL CONSEJO EDITORIAL COMUNAL DEL ESTADO CARABOBO E IMPRENTA REGIONAL AL 30 DE OCTUBRE DE 2007


INFORME DE GESTIÓN
VOCERÍA DE LA RED DE ESCRITORES ANTE EL CONSEJO EDITORIAL COMUNAL DEL ESTADO CARABOBO E IMPRENTA REGIONAL
AL 30 DE OCTUBRE DE 2007


En mi condición de vocero de la Red de Escritores, capítulo Carabobo, ante el Consejo Editorial Comunal del mismo estado, y miembro principal de la Junta Directiva de la Red en el ámbito editorial –elegido por la Asamblea realizada el 19 de septiembre de 2007 en la Galería Luis Guevara Moreno de la Biblioteca Feo La Cruz-, consigno este informe a las personas e instancias interesadas en la materia atinente al libro, la lectura, la literatura y la cultura dentro y fuera del estado. La presente crónica, más que rendición de cuentas, constituye mi más auténtica preocupación por la coyuntura en materia editorial, pues la encuentro sumida en un inquietante paréntesis luego de la presentación de los primeros tres libros de la Imprenta Regional, misión cumplida el día sábado 6 de octubre de 2007 en el marco de la III Feria Internacional del Libro de Venezuela, capítulo Carabobo. En pocas palabras, ésta es una posición crítica relativa a la promoción de nuestros autores dentro y fuera de la región.


La primera reunión conducente a la constitución del Consejo Editorial Comunal del Estado Carabobo, convocada por la Plataforma del Libro y la Lectura del referido estado (coordinada por Freddy Rojas), se llevó a cabo el 24 de mayo de 2007. Se entregó a los asistentes un material fotocopiado relativo a las actividades propias del Consejo Editorial Comunal como tal además de la Imprenta Regional. De esta jornada de trabajo se obtuvo la composición del Consejo Editorial Comunal del Estado Carabobo, el cual queda hoy de la siguiente manera:


Por los Consejos Comunales tenemos a Antoinette Antypas, Vielsi Arias, Fernando Saavedra y Wilmer Sánchez.
Por la Plataforma del Libro y la Lectura, Freddy Rojas en su condición de Coordinador.
Por el CONAC a la escritora Gloria Peña Cruz.
Por la Red de Escritores, José Carlos De Nóbrega.
Por la Misión Cultura a María Teresa López.
Por Librerías del Sur a Norma Agatón.
Anaís Silva, diseñadora, y Héctor Villagómez, operario de la Imprenta Regional.


Se acordó que este Consejo Editorial se reuniría los días viernes a las 2:30 pm en la Biblioteca Feo La Cruz de Valencia, hasta que se instalara la Imprenta Regional en su sede actual ubicada en el INCES de Los Colorados, segundo piso, aula 2-4 (lo cual ocurrió a partir del viernes 15 de junio de 2007). En la actualidad, el Consejo no se ha vuelto a reunir pues la concentración de los esfuerzos en la III Filven 2007 (del 3 al 7 de octubre) y el Congreso de Cultura (última semana de octubre) nos ha obligado a posponer sus sesiones de trabajo.


El Consejo Editorial Comunal posee una página blog:
http://consejoeditorialcarabobo.blogspot.com/, la cual está dirigida por José Carlos De Nóbrega. Está activada desde el mes de junio de este año, teniendo a la fecha 54 entradas.


He aquí la relación y el estado de los libros recibidos por el Consejo Editorial Comunal y la Imprenta Regional de Carabobo:


OBRAS CONSIGNADAS PARA SU PUBLICACIÓN POR EL CONSEJO EDITORIAL COMUNAL DEL ESTADO CARABOBO. Al 30 de octubre de 2007:
1.- 13 Fábulas y otros relatos de Richard Montenegro (narrativa). Editado (tiraje completo, 500 ejemplares).
2.- Volverme Alúmina de Norys Nicoliello (poesía). Editado (tiraje parcial).3.- Sobre lo vivido de José Horakyo Guillén (poesía). Editado (tiraje parcial).
4.- Antología Terrorista del Grupo Li Po (narrativa y ensayo). Está diseñado (primera revisión).
5.- 7 x 7: Una antología de la poesía contemporánea de Brasil (poesía). Está diseñado (primera revisión).
6.- Epigramas del Sanjón de José Francisco Nuñez (poesía). Aprobado. Está diseñado (primera revisión).
7.- Pedro Carajo de Rafael Hilario Ramírez (narrativa). Está diseñado (primera revisión).
8.- Una Noche Contigo, Una Noche sin ti de Orangel Gil (poesía). Postergado.
9.- Petroglifos de Vigirima de Leonardo Páez (investigación). Aprobado. Por editar.

10.- 12 relatos en físico de Alexei Quevedo (cuento). En lectura.
11.- La revolución, desde un pupitre a la calle de Jorge Maza (testimonio). En lectura.
12.- Poesía y Poemas de Luis Omar Castellanos (poesía). En lectura.
13.- Poesía y Reflexiones de Yenireé Henríquez (poesía). En lectura.
14.- Adivinanzas adivinadas de Pedro Téllez y José Abreu (literatura para niños). En lectura.
15.- Colección de Décimas de los hermanos Olaizola (poesía). En lectura.
16.- Poemario X de César Castillo (poesía). En lectura.
17.- El Brujo de Luis Moro (poesía). En lectura.
18.- Tres poetas, tres estilos, un mensaje de amor. En lectura.
19.- Cuentos de una “alezolana”: Alemana de nacimiento, venezolana de corazón, de Christine Graf Wegscheider (testimonio). En lectura.
20.- Pozo de Pensamiento de Arnaldo Jiménez (ensayo). En lectura.
Los dos últimos libros se hallan en mi poder; pronto les haré llegar el informe de lectura correspondiente.

A tal respecto, se había proyectado presentar los primeros siete títulos de la lista en el marco de la III Edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, capítulo Carabobo, el día sábado 6 de octubre de 2007 a las 2 pm en la Galería Luis Guevara Moreno de la Biblioteca Pública Manuel Feo La Cruz de Valencia. Tal era nuestro planteamiento para el 21 de septiembre de 2007, cuando el Consejo Editorial Comunal se reunió con la representante de la Editorial El Perro y la Rana, Marisela Guevara. Sin embargo, tan sólo se presentaron los libros de Richard Montenegro, Norys Nicoliello y José Horakyo Guillén, dadas las limitaciones técnicas y funcionales que expondremos más tarde.

En relación a los libros publicados, destacamos los siguientes aspectos:


a) Sólo 13 fábulas y otros relatos de Richard Montenegro posee el tiraje completo (500 ejemplares). Sin embargo, se presentaron alrededor de treinta ejemplares por dotación insuficiente de cartulina Bristol para las portadas. Los poemarios Volverme Alúmina de Norys Nicoliello y Sobre lo vivido de José Horakyo Guillén no poseen el tiraje completo; al igual que el primer libro de la serie, se presentaron treinta ejemplares de cada uno por dotación insuficiente de cartulina para las portadas.


b) Hay que destacar ciertas fallas en la edición de los referidos títulos:


En 13 fábulas y otros relatos de Richard Montenegro: se imprimió por descuido nuestro la primera y no la última versión corregida, lo cual motivó algunas erratas ortográficas y de puntuación; se le etiquetó como parte de la colección de poesía, cuando pertenece a la de narrativa; la impresión no posee la nitidez ideal.


En Volverme Alúmina de Norys Nicoliello: por error nuestro, el cual lamentamos, el apellido de la autora está mal registrado (Nicollielo, cuando es Nicoliello); igualmente la impresión no es muy nítida. Se sugiere subir uno o dos puntos la fuente amén de centrar los textos poéticos.
En Sobre lo vivido de José Horakyo Guillén, empero, hallamos una notable mejoría en la edición e impresión del libro.

Pese a estas faltas, propias de la dinámica atinente al inicio de un proyecto editorial novedoso en su concepción y alcances, el equipo humano en la Imprenta es lo suficientemente apto y asertivo para asumir el compromiso ante la comunidad de autores y lectores del estado Carabobo. Sólo que la actividad de la imprenta se halla detenida a la espera de los suministros y las directrices funcionales (aparentemente hay confusión y desinformación al respecto, dispensen pues no tengo pistas firmes que sustenten esta preocupación nuestra) que le permitan proseguir en ascenso su tarea. Sin embargo, se siguen recibiendo, revisando y diseñando los títulos a ser impresos en un corto plazo. Así lo esperamos. Dadas estas circunstancias, nos resta hacer las siguientes sugerencias:


1.- Convocar al Consejo Editorial Comunal del Estado Carabobo a una reunión extraordinaria y urgente para tomar una posición crítica ante la situación que hoy nos embarga. En mi condición de vocero de la Red de Escritores, he transmitido la semana pasada mi inquietud a Anaís Silva, Freddy Rojas y Marisela Guevara en conversaciones cara a cara y telefónicas. Ellos también han manifestado su preocupación al respecto y me han mantenido enterado del estado de la situación. Creo que después hay que reunirse con los autores para tenerlos al tanto de tal coyuntura y sus escenarios de solución.
2.- Manifestar por escrito ante el CENAL, la Editorial El Perro y la Rana y la directiva regional y nacional de la Red de Escritores nuestra posición crítica relativa al proyecto de Imprentas Regionales.
3.- Completar la edición completa (impresión y portadas) de 13 fábulas y otros relatos, Volverme Alúmina y Sobre lo Vivido a cómo dé lugar, amén –de ser posible a corto plazo- de regularizar el ritmo de trabajo de la Imprenta Regional. Por supuesto, teniendo en cuenta las correcciones sugeridas con anterioridad.
Sin más por el momento, su amigo



José Carlos De Nóbrega.
PD: Desafortunadamente, no ha cristalizado ninguna de las tres propuestas de trabajo planteadas en este informe (al 30-10-07). Valencia de Santo Tomás El Dídimo, 27 de diciembre de 2007: Sólo creeré si palpo las heridas en sus manos y su costado.

jueves, 15 de noviembre de 2007

LA LITERATURA COMO ESPEJO. Carlos Yusti



Carlos YUSTI


Curtido con la cultura del mercado y el burdel he tratado de hacerme con una cultura lectora para completar mi educación sentimental y menos canalla. Después, uno se aferra a esto de la escritura para no trabajar como el capitalismo manda. En mi ficha de quejas y reclamos está la frase: ha leído mucho, pero ha estudiado poco.


Luego se descubre que la vida va por su lado y que la literatura es apenas un remedo de esa realidad y sigue su propia brújula, especie de espejo de feria que todo lo deforma, lo agranda, lo infla y lo enriquece.


Mucha gente tiende a confundir la vida con la literatura y viceversa. Don Quijote tiene más adeptos que Cervantes, quien para muchos de sus contemporáneos era un escritor insufrible y segundón. A Conan Doyle muchos de sus lectores le preguntaban por Sherlock Holmes, mientras a él como escritor le ignoraban por completo y en verdad tenía más porte de Doctor Watson que de escritor urdidor de tramas policiales eficaces e inteligentes. A Vladimir Nabokov lo confundían con el viejo baboso y lúbrico de su novela Lolita, historia que es un soberano invento del escritor ruso. Confundir la literatura con la vida real (o viceversa) es caer en un craso error de percepción como ha pasado con el “El Guardián entre el centeno”, libro que ha sido prohibido en algunas escuelas norteamericanas por ser la lectura preferida de muchos asesinos seriales y de uno que otro terrorista.


Por esa razón, siempre me coloco a la orilla de Sancho Panza (y dale con lo literario) que era algo así como un aguafiestas de las ensoñaciones imaginativas en las cuales caía Don Quijote. Sancho era la voz de la razón que advertía que la realidad no suele moverse de sus goznes, y que está allí para darle de patadas a los sueños (y dale con la vida mundana y silvestre). La literatura es el álbum de la realidad pasada por la metáfora. Así quienes vayan a la literatura buscando realidad pierden el tiempo. También lo pierden quienes tratan de sacar algo en limpio de los libros sobre la vida. Aquella frase del Adriano imaginado por Youcenar todavía mantiene su límpida lucidez: “La vida me enseñó los libros”.


Escribir libros es un oficio extraño y tiene un ritmo especial. El Fondo Editorial del Caribe, capitaneado por ese caballero nada barroco que es el escritor y poeta Fidel Flores, acaba de editar uno de mis libros titulado “Dentro de la metáfora” y aunque el nombre parece indicar que recorrerá de forma crítica el quehacer poético no es así. El librito más bien trata de los absurdos y paradojas del Universo Literario. Debo agradecer a Fidel el cuidado estético de la edición. Se nota dedicación, trabajo y alto sentido de calidad. El otro libro es de Santiago Key-Ayala, titulado “Cateos de bibliografía”. A Key-Ayala se le conoce más como ensayista histórico, no obstante este pequeño libro es también singular ya que es un cateo bibliográfico que se ocupa de libros no publicados. Pedro Téllez me dio a conocer el libro y quedé fascinado ante la idea de esos libros que se quedan flotando en el limbo de la escritura. A lo amantes de los libros este libro de Key-Ayala les fascinará. Escrito con frescura chispeante se lee con facilidad y asombro. Por su páginas pasan Guzmán Blanco y sus memorias que jamás escribió, Félix Bigote, quien fundó un periódico escrito en cinco idiomas y cuyas obras, que aseguraba, haberlas escrito tenían ese aire de enormidad erudita como su Gramática Latina compuesta en diez volúmenes de 500 páginas cada uno y así otros personajes de literatura a quienes se le perdieron manuscritos o se vieron desbordados por sus proyectos de escritura. Los libros se escriben, o dejan de escribirse, al son de la vida.La vida es una escuela implacable que desencuaderna lo leído, que traspapela el alma con la letra impresa. Sólo se puede comprender la gran literatura si uno se impregna del aroma trágico de la vida, si uno es capaz de aguantar el tufo de la vida desgastándose en los suburbios. Uno va a la vida en son de aprender los lenguajes oficiales del poder, y luego se va a la literatura para enfrentarse con las palabras que trastocan todos los poderes; con esas palabras vivas, quemantes, que son una respuesta contra la realidad y sus turiferarios de turno. Vargas Llosa en su célebre ensayo “García Márquez: Historia de un deicidio”, escribió: “ESCRIBIR novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad”.La realidad carece muchas veces de poesía, tiene por supuesto (y en ocasiones muy puntuales) destellos deslumbrantes. Lo que hace la literatura es apoderarse de esos contados destellos y convertirlos en arte. La literatura no cambia la vida y Don Quijote es el mejor ejemplo por esa tenaz convicción de llevar a la realidad cruda lo cocinado en los libros de caballería. Al final Don Quijote recupera la razón y muere de una infección de lucidez espantosa. La literatura no hace más que enriquecer la realidad, le proporciona ese halo maravilloso lo cual le permite al lector percibir la vida de todos los días con características menos previsibles. El lector sabe que a la vuelta de la esquina no están los molinos, sino los monstruos. Que dulcinea lo espera en el descanso de la escalera luego de un agotador día de horarios y ajetreo laboral.


Para escribir sólo se necesita, según lo dicen los entendidos de la literatura, un estilo propio. Para vivir sólo se necesita haber leído mucho y luego salir a la calle para oler la metáfora que trae la realidad metida entre las uñas.